Pila Gonzalez Blog

1° Temporada

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10 | Hasta la vuelta

Listo, Tronco. Paso a despedirme que mañana temprano salgo para los campos con el Perico y el Chuzo. Te voy a extrañar, viejo. Pero no te pongas mal que en menos de que cante un gallo estoy devuelta contándote todo lo que pasó en este viaje. Dejáles cariños a la Panchita y si lo ves al Capitán, mandále un abrazo que no me pude despedir de él. Recién fui hasta lo del Colorado, me la pasé ladrando en la puerta, pero no salió nadie. Che, Tronco, demás está decir que te dejo a cargo de todo esto. Ya sé que no podés moverte de donde estás, pero pispeame todo desde la reja. Sobre todo a la Lolita. Quiero que me cuentes si la llegas a ver y que hace. Serías una especie del Perro Bond. Jeje. “Bond, Tronco Bond, para servirles…”, jaja. ¡Qué hijo de puta! ¿Te imaginas? Pero en serio, Tronco. Vos mantenéte firme y pegá dos ladridos desde acá que todos te respetan y te van a hacer caso. Sabés que me había hecho una lista de cosas para hacer allá, se las dije al Chuzo y este me dice: —Dejemos que el universo y el destino provean, Manchitas. No planifiquemos el futuro. Y me cagó todos los proyectos. Hasta casi me sacó las ganas de ir, mirá. Este perro me va a dejar más blanco de lo que ya estoy. Yo quería aprender a pescar en la laguna, dormir bajo las estrellas en el medio del campo, salir a trotar por las mañanas y las tardes, pero no. Ahora no tengo ganas de hacer nada de todo eso. Igual me voy, Tronco. Sabes que lo necesito. Despejarme un poco y volver renovado. ¡Ah! Casi me olvido de contarte. Con el apuro casi se me pasa. ¡Que cabeza la mía! Estuve con el Felipe hoy a la tarde y me pasó la data de cuando vuelve la Coquita, perdón, la Doña Coquita. Resulta que lo de hacerse la loca en la perrera no funcionó la otra vez y por eso no la largaron. Pero ahora dicen que está más dócil y que ayuda a los cachorritos nuevos que llegan a ese lugar. Entonces parece que en una o dos semanas le dan la condional por un tiempo. Le van a poner una especie de chip o no sé qué mierda en la oreja para tenerla controlada. Y se viene devuelta para el barrio. Me decía el Felipe que la Matilde está re cagada en las patas (haceme acordar que te cuente algo de la Matilde antes de que me vaya) y que el Pirata se anda haciendo el loco boqueando que él es el perro más bravo del barrio y no sé qué otras pavadas más, pero que también esta con julepe el mastodonte. Qué lindo que se va a poner esto. No me lo pierdo ni loco el regreso. Y la noticia bomba de último momento es que la Matilde y la perrita que vive enfrente de la canchita, creo que se llama India, esa que el Chuzo le anduvo haciendo la visita un par de semanas, están preñadas y seguro que las dos quedaron preñadas del Chuzo. Yo no sé cómo hace ese perro hijo de puta. Mirá que yo tengo lo mío con la Matilde y alguna que otra perrita de por ahí y nunca dejé a ninguna con el bombo lleno, pero el Chuzo las olfatea nomás y le nacen un par. Al final voy a terminar creyendo que es un perro místico y toda esa huevada que dice del amor, la paz y el cosmos. Qué se yo. Yo no le quise decir nada igual al vago, para no distraerlo del viaje, que ya bastante anda pelotudeando, pero cuando se entere se va a querer morir. Pero se lo tiene merecido, che. Alguna vez se va a tener que hacer cargo de algo y dejar de andar vagueando por ahí y dejando crías desparramadas por todo el barrio y los alrededores. Es grande el orejudo y sabe lo que hace. Por más hippie que sea, hay responsabilidad, viejo. ¡La puta madre! Y no me quiero calentar, loco. Bueno mi querido amigo. Ahora sí. Llegó el momento de retirarme. Me voy. Silbando bajito y con pasos cortitos me despido hasta la próxima. Nos vemos a la vuelta, Tronquito. Cuidáte mucho. No me extrañes tanto viejo que es poco tiempo. FIN PRIMERA TEMPORADA ir al 9° Episodio ir a la 2° Temporada

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06 | El amor a veces duele

¿Sabés, Tronco? Estuve con el Perico y me invitó a que me vaya un fin de semana de estos a los campos con él. Me habló de acampar cerca de la laguna, de pescar, de corretear libres por el bosque, de hacernos un tratamiento de barro para el pelaje y no sé qué otras cosas más. Parece interesante. Para despejarme un poco del barrio, ¿viste? Igual, no sé si dejar todo así. No vaya a ser cosa que aparezca un perro nuevo por acá y cope la parada. Hay que marcar territorio seguido en estos tiempos. No está fácil la cosa. Cualquier famélico se hace el Rintintín hoy en día. Con la Lolita, ahí estamos. Histeriqueándonos como dos adolescentes enamorados. Se sigue haciendo la difícil, la gata. La otra noche me le aparecí en el parque ese que está pasando la vía, donde la empezó a llevar el Gordo. Primero me le escondí detrás de un tobogán y le chistaba. Miraba para todos lados la loca. No sabés lo gracioso que era. Levantaba la trompita y olisqueaba el aire toda desesperada. Yo no daba más de cagarme de risa solo, ahí escondido. Hasta que se me dio por hacerme el romántico, Tronco. Me trepé al tobogán y desde arriba le empecé a ladrar. Cuando me vio, hermano. No sabés como se puso. —¡Manchitas. Bajáte de ahí que te vas a romper el alma, por el amor de Lassie! —me gritaba. Yo en lugar de bajarme, me deslicé despacio por el tobogán, cual Romeo en busca de su Julieta, pero cuando estaba llegando al piso el que me estaba esperando era el Gordo. Me dio un boleo en el hocico que ni te cuento. Casi me arranca la mandíbula el hijo de puta. Yo me paré como pude y me fui rajando. El Gordo me sacó corriendo pero se pegó un porrazo con el borde del arenero que se cayó de culo. Casi aplasta a un pibe. La Lolita no paraba de gritar y yo, entre el dolor que tenía en la geta y la risa que me daba el Gordo todo desparramado en el arenero, no podía más. Escupía arena por la boca el mastodonte. No sabía si reírme o llorar, Tronco. Era un espectáculo de circo eso. Lo bueno de todo esto, ahora que lo pienso bien, es que la Lolita se preocupó por mí. En el fondo sé que me quiere la chiquita. Ahora, lo malo es que tengo que andar como en ocho patas con el Gordo. También, ¿qué querés? me pasé tres días tomando sólo agua del pozo por la patada que me dio ese animal. Sabés que estoy dispuesto a todo por esa perrita, Tronco. No me importa nada. Estoy reloco de amor. Una patadita en el hocico no me va a detener a mí. Al Manchitas. Justo. El amor es más fuerte, Tronco. Y me voy porque de tanta poesía me empezaron a sangrar las encías de acá abajo. Nos estamos viendo, viejo. Saludos a la Panchita. ir al 5° Episodio ir al 7° Episodio

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02 | Son cosas que pasan

Como te iba contando el otro día, Tronco. ¿Te acordás del asunto del Chuzo y la basura de la vieja de la casa gris clarito de allá? Bueno, me lo crucé al Chuzo en el baldío y lo encaré de una. El muy vago me juró y me recontra juró, hasta cruzó las patitas así, mirá, de que él no tenía nada que ver con el Chuzito. Hasta me dijo que no era hijo de él. Que todo el mundo anda diciendo eso pero que la Matilde está con cualquiera y él hace rato que no la visita. Dice que ahora tiene una perrita de raza que vive enfrente de la canchita y que, desde que está con su nueva novia, no tiene ojos para nadie más. Yo mucho no le creí, Tronco, pero a decir verdad, seamos sinceros, el Chuzito ni se le parece. Tiene las patas grandes como el Pirata y el cuerpo abananado del Felipe, el salchichas que vive en los departamentos. Es un engendro pobre Chuzito. Bueno, si queremos hurgar fino, Tronco, y ya que nos estamos hablando a calzón quitado, yo un par de veces le hice la visita a la Matilde. ¿Qué querés hermano? No me mirés así. Viste como es la cosa. Vos porque tenés a la Panchita. A veces el cuerpo demanda, viejo y la Matilde es tan gauchita. Te digo más, el Chuzito hasta podría tener una parte de mi ADN. Todo esto lo pensaba mientras hablaba con el Chuzo. Y mientras más le daba vueltas a la cosa, la rabia que tenía se me iba pasando. Si hasta sentí compasión por el pobre Chuzito. Igual me le puse firme al Chuzo. Lo paré en seco. Le advertí que no se volviera a reír de mí porque le arrancaba una oreja a mordiscones limpios. Le fui por ahí, ¿porque viste cómo se las cuida el muy gato? El siempre anda diciendo que es cruza de Terrier con perro orejudo. Pero andá a creerle al Chuzo. Para mentir y llevarse la parte es mandado a hacer. Por lo menos yo dejé las cosas en claro. —Son cosas que pasan, Manchitas —me decía. “Cosas que pasan”. Yo le voy a dar a ese. Pero me quedé pensando lo del Chuzito. ¿No seré yo el padre, Tronco? Ese pobre cachorrito correteando por las calles sin una figura paterna que lo guíe. En fin. Ahora lo que me preocupa es la Lolita. Hace rato que no la veo. El Gordo no la está llevando más a pasear a la plaza y yo me quedo esperando como Penélope atrás de los árboles todas las noches. También se me pasó la rabieta con ella, que te voy a decir, Tronco. ¿Cómo es eso que dicen, un pendejo tira más que una yunta de bueyes? Y tienen razón, el amor puede más. ¡Uy, como estoy hoy! Re poeta. Me parezco al Pablo Perruda ese. Pero vos quédate tranquilo, Tronco. Dormí sin frazada que un día de estos vas a escuchar el ladrido de unos pequeños Caniches-Toy con manchitas por el barrio. La tengo entre ojo y ojo a la guacha. Bueno, Tronco. Me voy. Me pica la barriga y no son pulgas. ¡Paaaa! Como sigo de filósofo. Mandále saludos a la Panchita y decile que no se haga la gata y que un día de estos se acerque a saludar al alambrado. ir al 1° Episodio ir al 3° Episodio

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09 | La visita

Bueno, Tronco. Ya está. Me voy con el Perico este fin de semana a los campos a pasar los días cerca de la laguna. Un poco de vida nómade al aire libre. Para despejarme y volver renovado, ¿viste? Necesito un cacho de distención. Estoy todo contracturado y estresado. El barrio es un quilombo. No sé cuándo carajo viene esa Coquita para acomodar las cosas. Le dije al Chuzo que se venga si quiere, también, con nosotros. A vos no te digo nada porque, bueno, obvio. Pero quedarme solo con el Perico por los montes me daba un poco de cosita. Y el Chuzo agarró viaje enseguida. Eso sí. Le dije que no empezara con esas pavadas del cosmos, del amor y de la paz que me tenía podrido. —Vamos a llenarnos de energía, Manchitas —me dijo. —Que energía ni que ocho cuartos —le dije—. Vamos para despejarnos y nada más. Parece que lo entendió. Encima el Perico también es medio hippie. Me parece que me mandé una cagada al decirle al Chuzo, Tronco. Esos dos se van a potenciar y me van a volver loco. Y bueh. ¿Quién te dice? Dejemos que el destino baraje las cartas y nosotros las jugaremos a nuestro modo. ¿No ves lo que pasa? Me junto un rato con el Chuzo y ya empiezo a delirar. Es contagioso el vago. En fin. Me voy por unos días nada más, Tronco. ¿Sabés que nunca anduve por allá? Yo nací y me crié siempre en el baldío y por este barrio. Un par de veces, cuando era más joven, fui a buscar camorra a otros barrios, pero más allá de la Calle 30 nunca estuve. Un poco de julepe, acá, en la garganta, me da, no te voy a mentir. Pero ya está. Hay que probar cosas nuevas en la vida. Cambiando un poco de tema, pero hablando más de lo mismo. Anoche le hice la vistita a la Matilde. Si, bueno. ¿Qué querés? Andaba un poco necesitado, viejo. La Lolita cada vez se me hace más la difícil. Bueno, como te decía. Me le fui hasta la cuchita donde atiende la Matilde, allá, en el baldío y, ehehjejé… ¡Salí! Tronco, ¡Salí! Arrancamos tranqui, ¿viste? Unos arrumacos por aquí. Unas lamiditas por allá. Que te muevo la cola. Que te huelo. Que te rasco las pulgas. La cosa venía bien hasta ahí. La loca sí que sabe lo que hace. Te la maneja, digamos, a la situación. Vos te crees que sos el macho alfa dominante, pero es ella, la muy vicha, la que te lo hace creer. Sabe fingir muy bien la guacha. Y vos te pensás que sos un toro como te calienta el marote en la previa. Te habla despacito, acá atrás de la oreja. Y te dice cositas chanchas. Se te menea como una gata. Hace contorsiones con sus tetas. De todo sabe hacer la Matilde. Y, ¿qué querés?, lleva años en esto. Yo estaba que ni te cuento. Después del incidente con la Lolita, ¿te acordás?, no lo había intentado devuelta con ninguna otra perra. Andaba un poco asustado, te voy a confesar. Pero anoche estaba hecho un garrote. Una piedra era, Tronco. En un momento me había cansado de los besos y los mimitos y quería ir a los bifes, ¿viste? Directo a los postres. Pero esta que seguía con su jueguito. Yo ya no pensaba, Tronco. Me dejaba llevar. Que hiciera de mi lo que quería. Estaba entregado. Entonces, cuando era el momento de poner la segunda, cuando ya estaba por arremeter con todo, me dice al oído: —Dale con todo semental. Y se me vino de golpe, Tronco. ¿Qué sé yo? No lo pude controlar. No lo vi venir. No sé si me pasó por la cabeza lo de la Lolita o qué carajo pero, ¿cómo te explico? Si, así. De una. La Matilde se me empezó a reír. Se me cagaba de risa la guacha. —Andabas apuradito, Manchitas. El pistolero más rápido del oeste —me decía la atorranta, mientras se atragantaba con esa risa ronca que tiene y no paraba de toser. Para que te voy a mentir, Tronco. A mi mucho no me importó. No lo disfruté como de costumbre pero por lo menos no tengo el problemita ese del “amigo”. Sé que todavía funciona, pero no sé… La mandé a la puta que la parió y me fui para mi cuchita. Me hizo pagarle los tres huesitos igual. Yo le protesté un rato, pero me daba igual a esa altura. Se los terminé pagando. Pero, ¿no ves lo que te digo? Por esto necesito unas vacaciones urgentes, Tronco. Esto antes a mí no me pasaba ni en pedo. ir al 8° Episodio ir al 10° Episodio

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05 | Los machos también lloran

Bueno, Tronco. Acá estoy. Tirando para no aflojar. La llevo como puedo, ¿viste? La saqué barata con el Pirata el otro día. Igual nos dimos de lo lindo. Yo alguna dentellada le metí al vago. No se la llevó de arriba. ¡No!, si las mañas no las perdí todavía. Que va. Lo que me consuela en el fondo es que yo morí con la mía. Tuve principios y no me dejé amedrentar por cualquier altanero barato que anda suelto por ahí. O eso me dijo el Capitán. Sí. Me pasé por lo del Capitán hace un rato y le conté el asunto con el Pirata. Tenía ganas de hablar con ese viejo sabio. Todavía me acuerdo, Tronco, las enseñanzas que nos dejó cuando estábamos los tres en el baldío, ¿te acordás? Que bocho ese Capitán. Se las sabe todas el guacho. Y, ¿Qué querés?, tiene mucha calle. Mucho dormir bajo las estrellas. Mucha lluvia en el lomo. Ahora está más tranquilo desde que vive con el Colorado ese que trabaja en la fábrica. Y bueh, se lo merece. Tantos años peleándola en el barrio, un poco de afecto y una comida caliente en la barriga todas las noches no le vienen mal a nadie. No, Tronco. No estoy llorisqueando. Estas plantas de mierda que largan ese polen y me irritan los ojos. ¡Salí! Dejá. Estoy bien. No te preocupes. ¡Salí! Como te decía, Tronco, me contó el Capitán que lo del Chuzo y la perrita esa que vive enfrente de la canchita, se terminó. Y que el Chuzo le anda arrastrando el ala devuelta a la Matilde. Tiene labia ese Chuzo. Y no deja títere con cabeza el guacho. Con eso del amor y la paz, donde pone el ojo le nacen cuatro cachorritos, y todos orejudos como él. No falla nunca. Espero que no se meta con la Lolita porque ahí sí que me va a conocer. Ah, me olvidaba. Hablando de la reina de Roma. ¿Sabés lo que me dijo también el Capitán? Que se la cruzó a la Lolita en el parque que hay pasando las vías. Parece que el Gordo la empezó a llevar allá porque está caliente con una rubia que tiene un Chihuahua y la flaca lo lleva a ese parque todas las noches porque vive cerca. El Gordo se hace quince cuadras todos los días, sólo para verla un ratito a esa rubia. Está desesperado. Me tendré que dar una vuelta por ese parque yo también, pues. Pero en el estado que estoy, prefiero que la Lolita no me vea. Doy lástima, Tronco. Nadie me quiere. Todos en el barrio me desprecian. La vieja de la casa gris claro me tiene entre ceja y ceja desde el incidente de la basura con el Chuzito. Me la juró esa vieja. Ahora cada vez que le rompen las bolsas se piensa que soy yo. No aguanto más, Tronco. Estoy podrido de este barrio. Cualquier día de estos me voy con el Perico por los campos y no me vuelven a ver ni el rabo. Bueno, Tronco. No me hagas caso. Estoy sensible. No me gusta cuando me pongo melancólico. Te dejo, che. Me voy a descansar un rato al baldío. Estoy todo molido. Mandále saludos a la Panchita. No, Tronco. No me voy llorando. Ya te dije que es el viento. ir al 4° Episodio ir al 6° Episodio

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01 | Con la comida no se jode

¿Qué te voy a decir, Tronco, que vos no sepas? La vida del callejero es así. Me la paso durmiendo en cualquier lado, me lamo las bolas bastante seguido, marco territorio por todos lados, hurgo en los tachos de basura en busca de comida, me rasco las pulgas, le ladro a los autos. ¡No! ¿Quién dijo que la vida del perro callejero es fácil? ¿Qué te voy a contar a vos, Tronco? Vos la viviste tanto tiempo. Ahora estas mejor, pero ¿te acordás lo que era? Bueno, yo estoy así todos los días. Los nenes me tiran piedras, los motoqueros me tiran patadas y nadie me tira un hueso. Es muy sacrificado nuestro existir. El otro día, sin ir más lejos, la vieja de la casa gris clarito, aquella que está allá, la que tiene esa puerta grande color gris oscuro, ¿la ves? Bueno, resulta que, no me preguntes por qué, se le dio por sacar la basura a las seis de la tarde. ¿Para qué? Yo justo pasaba por la esquina y la vi. Me hice el boludo que pillaba en un árbol y cuando se metió para adentro me fui directo para el canasto. Cada día es más fácil romper esas bolsas, Tronco. No sé si las hacen de menor calidad que antes o qué, pero de un arañazo con mi patita delantera derecha, ésta, ¿ves?, la que tiene las uñas más largas, de un solo zarpazo le hice un tajo a la bolsa de unos treinta centímetros. ¿Qué te voy a decir, Tronco? La gente hoy en día cada vez tira más comida en buen estado. De todo había en esa bolsa. Era un manjar. Huesos de costillas de vaca con mucha carne en los bordes, puré de papas con yerba seca y colillas de cigarrillo Parlianment, latas de tomate, de atún, de arvejas con resto adentro todavía, fideos. ¡No! De solo recordarlo se me hace agua el hocico. Yo estaba como un Dandy ahí, ¿viste? Parecía un perro de raza inglés comiendo en la vereda de la vieja. Estaba a mis anchas. Hasta que siento que se me viene encima el Chuzo, ese perro hijo de puta que no deja en paz a nadie con sus teorías del amor y la paz. A mí me tiene podrido cada vez que me cruza. Yo enseguida le mostré los dientes y le empecé a gruñir. Faltaba más. El muy cobarde empieza a retroceder y me dice: —Tranquilo, Manchitas. Tranquilo. Somos todos amigos acá en el barrio. Sólo pasaba a saludar y ver como estabas. Amor y paz, hermano. —Mandate a mudar de acá —le dije mientras lo sacaba carpiendo. —No te alborotés, Manchita. Amor y paz loco. No es para tanto —me decía mientras retrocedía sobre sus patas con el rabo entre las piernas. Siempre dije que el Chuzo era un perro cobarde y en ese momento lo estaba comprobando con mi propio pellejo. A todo esto veo que de la ventana del Gordo de allá enfrente se asoma la Lolita, esa Caniche-Toy hermosa. Me tiene loco, ¿sabés? Cuando el Gordo la saca a pasear todas las noches a la plaza, yo me escondo atrás de los árboles y la espío. ¡Qué manera de mover la colita que tiene, Tronco! Y ese ladrido finito y tan de hembra me descompone de amor. Con decirte que un par de veces, cuando el Gordo no se dio cuenta, la olí ahí atrás, ¿viste? Pero nunca pude hacer nada más por miedo a que me agarren. Bueno, como te decía. La veo a la Lolita en la ventana, asomada, con sus dos patitas en el marco y ladrando. Era una sinfonía, Tronco. Imagináte vos. Yo me agrandé. Se me llenó el cuerpo de orgullo. Lo encaré al Chuzo y le dije bien fuerte para que me oyera la Lolita: —O te vas ahora mismo o te mastico el cuello. Y ahí mismo le volví a enseñar los colmillos. No sabés. No le daban las patas al Chuzo para retroceder. Se les enredaban. Ya lo tenía casi por la esquina. Volví a mirar a la Lolita para comprobar que esté viendo todo y en ese momento veo por el rabillo del ojo como el Chuzito, el hijo del Chuzo, ese perrito pulgoso que tuvo con la Matilde, la tetona sarnosa, se iba corriendo con un pedazo de costilla de la basura que yo mismo había conseguido hacía segundos de la casa de la vieja. Encima el muy turro se llevaba el pedazo más grande y con mucha carne. Tenés que haberlo visto, Tronco. Era más grande que él. Ya iba por la esquina el guacho. Y el Chuzo que se me va disparando cagándose de risa. No sabés como me puse, Tronco. Estaba hecho una furia. Lleno de rabia. Con decirte que hasta me salía espuma por la boca. Y tras cartón lleno, veo que se me venía encima la vieja con una escoba en la mano gritándome de todo, y también la Lolita se estaba descostillando de risa detrás de la ventana. Era demasiado para mí. No me quedó otra que salir rajando para el baldío antes de que me agarre a escobazos la vieja. Cosa de Mandinga, Tronco. Ya no tienen respeto por nadie estos perros. Cuando los agarre vas a ver. Al Chuzo no le dejo un pelo en el lomo y a la Lolita, cuando la vea esta noche en la plaza, la dejo preñada, no me importa un carajo el Gordo ni que ocho cuartos. Van a ver esos desgraciados quien es el Manchitas en este barrio. ir al 2° Episodio

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08 | De padre a perro

Estuve con el Chuzito el otro día, Tronco. Me lo crucé en el baldío y como estábamos solos, aproveché para hablarle y darle algunos consejos. Como si fuera un padre, ¿viste? ¿Te acordás que te conté que tengo ese presentimiento de que el Chuzito tiene alguna parte mía? Por mis visitas a la Matilde de antes que nazca. Bueno, lo agarré al cachorro y lo llevé abajo del ombú para hablarle de macho a macho. Alguna figura masculina tiene que tener el guacho en esta vida, sino sale para cualquier lado. Viste como está la cosa hoy en día. Con tanto collarcitos y ropitas. Bueh. ¿Para que te voy a contar? Como te decía, Tronco, ¿viste que el pobrecito es un engendro, que tiene parte de varios perros por culpa de la putañera de su madre? Bueno, me parece que salió retardado también. Mucho ADN junto te estupidiza. Mientras le quería hablar se puso a ladrarle a una mariposa que pasaba volando. Yo lo quería calmar y él meta que te meta con la mariposa. En un momento le tuve que gritar “SIT”. Sí, me contaron que cuando le decís “SIT” se calma. Dicen que lo aprendió del Toby, del Chihuahua ese de la Rubia que vive cerca del parque pasando las vías. Si hasta lo vuelven loco al pobrecito. Cada vez que escucha la palabra “SIT” se para en seco y se queda como una estatua. El otro día el Chuzo me contaba que estaba hablando con el Felipe y éste le decía que le picaba mucho el culo, y el Chuzo le dijo: “Deben ser paráSITos”. ¿Para qué? El Chuzito que andaba correteando por ahí se quedó duro. Ahora lo joden a cada rato. “¿Cuál es la SITuación, Chuzito?”, le grita el Pirata. “Traéme cañonSITos de la panadería, Chuzito”, le dice la Matilde. Y el, ¡pum!, firme como perro policía. Pobrecito. Bueno, yo le dije “SIT”, porque se me estaba poniendo cargoso con la mariposa, y sabés como quedó el guacho. Tieso. Así, con los cuartos traseros sobre el pasto, las dos patitas de adelante rectas y la mirada perdida en el horizonte. Un boludo. Aunque al rato se me empezó a ladear de costado. Tiene mucha cabeza el pobre comparada con su cuerpito. Se me iba para un lado y yo que lo agarraba. Se me iba para el otro y también que lo cacheteaba antes de que se dé el marote contra el suelo. La cuestión, Tronco, es que yo estaba ahí para inculcarle algunos valores que nos enseñó el Capitán a nosotros cuando éramos cachorros. Le hablé del respeto a los mayores. De los códigos entre callejeros. De la hermandad. Pero ya no me escuchaba el hijo de puta. Se había empezado a lamer las bolas de una manera, mirá, que me pegué una calentura y le tuve que dar un coscorrón. Siempre un sopapo a tiempo es bueno para enderezarlo, pero a éste hay que cagarlo a palo todos los días, Tronco. —Dejála tranquila que no se te va a volar —le dije.  ¿Para qué le habré dicho eso? Empezó a seguir otra vez a la mariposa como un tonto. Encima la quería imitar. Saltaba y movía las patitas pretendiendo volar como la mariposa. Los golpes que se daba contra las raíces del ombú. Hasta a mí me dolían. Pero, ¿viste como es la cosa, Tronco? Dicen que los cachorros son de goma y nos les duele nada. ¿Qué se yo? Cuando lo pude calmar un poco le empecé a hablar del sexo opuesto, Tronco. ¿Viste?, de las hembras. Como tratarlas y todo eso… ehehjejé.  Pero no pude continuar porque no sé si fue la palabra “sexo” o “hembra”, o qué, pero al vago se le empezó a agrandar “el amigo” y otra vez dele que te dele con lamerse las bolas. Al final me fui al carajo y lo dejé ahí, con lo suyo. Lo último que lo vi hacer era querer volar mientras intentaba lamerse las bolas al mismo tiempo. ¿Qué querés que te diga, Tronco? Ese cachorro me parece que es un caso perdido. ir al 7° Episodio ir al 9° Episodio

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04 | La cuchita tiene códigos

¿Sabés como soy yo, Tronco? Vos me conocés bien. Soy una chispita. Me das media manija y te me voy al humo. Pero con el Pirata es distinto, ¿viste? Uno no se lo puede tomar a la ligera al vago. Tiene calle. Tiene barrio y me saca como tres cabezas. ¡No! Yo tampoco soy un kamikaze. Aunque tendrá todo lo que vos quieras ese Pirata, pero no tiene lo fundamental para ser un callejero. Le faltan códigos. ¿Vos te estarás preguntando a que viene todo esto? Resulta que ayer me tocó un día muy duro. Me la pasé pateando la calle de acá para allá. Encima recibí un par de piedrazos en las costillas a traición de los borregos esos que se juntan a tomar cervezas en la esquina de la casa del Capitán. Así cansado como estaba me fui para el baldío. Y, ¿viste que entre nosotros hay códigos, Tronco? Pero que te voy a decir a vos, si no conozco un perro que tenga más códigos que vos. Sí, no te hagas el modesto, Tronco. Vos sabías cuales eran tus límites. Respetabas a los otros. Y también sabés bien que, aunque somos callejeros y podemos dormir en cualquier parte, la cuchita, la que se llama cuchita, es sagrada y se respeta. La mía está en el mismo lugar de siempre, desde hace años que tengo ese buzo de arquero viejo tirado al lado del ombú que está en el baldío, cerca de la tranquera que da a la Calle 30. Bueno, cuando llegué ayer al baldío me los encuentro tirados en mi cuchita a la Matilde y al Pirata muy panchos los dos. Habían estado haciendo cositas los guachos y ahora estaban descansando sobre mi viejo buzo de arquero. Yo respetuosamente les dije si se podían ir a otro lado a dormir, que ese lugar era mi cuchita, hasta les pregunté si no habían olido mi orina en los tronquitos de al lado. ¿Y sabés lo que me contestó el Pirata? —¿Ese perfume de hembra era tuyo? Y la Matilde se empezó a cagar de risa con esa voz ronca que tiene. Yo estaba hecho una furia, Tronco. ¿Te imaginás? Pero traté de mantener la cordura. Alguien tenía que hacerlo en esa situación. Hasta que el Pirata se puso de costado y se rajó un sonoro pedo, causando otra vez la carcajada de la Matilde. Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Lo miré a los ojos fijamente y le dije: —O se van ya mismo de mi cuchita o… —¿O qué? —me interrumpió el Pirata, poniéndose de pie con sus cuatro musculosas patas al tiempo que acercaba su hocico al mío, agachando un poco el cogote para quedar a mi altura. —O se van a llenar de sarna. Me agarré una por el campo del Perico el otro día y estoy que no paro de rascarme. —¡Sarna! —gritó el Pirata y se empezó a rascar por todos lados. Tenías que haberlo visto al grandulón. Parecía una marioneta bailando. —Matilde. Paráte y vámonos ya mismo de esta pocilga. No sé para qué me trajiste a este lugar con lo grande que es este baldío —dijo el Pirata mientras se iba seguido de la Matilde de atrás con las tetas colgando que le rozaban el piso. Yo en el fondo sabía que todo esto había sido idea de la Matilde. Son vichas, Tronco. Con todo respeto a la Panchita que es una santa, pero el resto son vichas. Son zorras las minas. A veces pienso que no las necesitamos, si llegamos solitos ahí abajo sin ningún esfuerzo. Pero, ¿qué se yo? Lo de la sarna era mentira. Quédate tranquilo, Tronco. Fue un truco que se me ocurrió para engañar al boludo del Pirata. Ese Pirata lo que tiene de músculos le falta de cerebro al muy bruto. Mirá que creerse lo de la sarna. Que grandísimo tonto que es. ¿Qué pasa, Tronco? Te veo distraído. ¿Qué hacés con la geta, boludo? Dale, dejá de hacerte el payaso que te vas a quedar bizco ¿Qué estás mirando?... Ahhaha, Pirata querido, viejo y peludo nomas, conque ahí estabas. ¿Sabés que justo estábamos con el Tronquito, lo conoces… este viejo lobo de mil batallas… lo pícaro que era de joven el guacho, jajajaja… eh… estábamos con el Tronquito hablando de lo musculoso y de lo inteligente que sos? ir al 3° Episodio ir al 5° Episodio

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07 | El regreso de la Doña

Tronco, ¿Sabés lo que me enteré? No lo vas a poder creer. Se anda diciendo por el baldío que la Coquita va a volver al barrio. Se dice que le van a dar la condicional en la perrera porque no la pueden tener más ahí. Cuentan que está más brava que nunca y ya no saben qué hacer con ella. Por eso la van a soltar. Por acá andan todos cagados. Y te digo la verdad, por un lado estoy contento con que vuelva, así ese Pirata no se sigue haciendo el capo del barrio. Cuando la Coquita controlaba todo esto estábamos mejor, Tronco. Todos conocían sus límites. Aunque era pesada, pesada la guacha esa. Dicen que ahora se hace llamar “Doña Coquita”. Imagináte. ¿Te acordás, Tronco, cuando le arrancó un pedazo de cola a la Matilde? Que quilombo se armó ese día. Aunque te digo que la Matilde se lo merecía por perra putañera. Fue por el temita ese con el Capitán. Desde ese día que la Matilde ni lo volvió a mirar al Capitán. ¡El Capitán, Tronco! ¿Estará enterado de la noticia de que vuelve la Coquita? Como se va a poner. Fue fuerte lo que hubo entre ellos. Eso sí, eran dos polos opuestos, pero como se querían esos dos. El Capitán siempre un señor. Pacifico, filosofo, con esas palabras que sonaban raro pero que eran tan bonitas a los oídos. Siempre un consejo justo para cualquier situación. Y la Coquita, bueh. Renegada, agresiva, imponente, Encaradora, chispita. Saltaba por cualquier cosa. Ya controlaba el barrio en esa época. Y como lo tenía al Capitán. Celosa se ponía por cualquier cosa. Si hasta le teníamos que pedir permiso a ella con anticipación. Nosotros, Tronco, sus fieles, para juntarnos un rato a charlar con él teníamos que sacar turno con ella. Y cuando se enteró lo de la Matilde con el Capitán. ¡Mamita! Como se puso. Nunca sentí tanto miedo ajeno como en ese tiempo. La Matilde, vicha como siempre, se fue un tiempito con el Perico a los campos, y cuando regresó se pensó que la Coquita se había olvidado del asunto. Pero no, Tronco. Estuvo todo ese tiempo acumulando bronca la loca. Y cuando la vió venir caminando por la Calle 30, con sus tetas por el piso como una diva, se le fue directo al humo. La de polvareda que se levantó. Todos fuimos a tratar de separarlas pero era imposible. Ya se habían trenzado las guachas. El Chuzo que gritaba “Amor y paz, señoras. Amor y paz”, mientras se ligaba algún que otro tarasconazo. El Capitán que también gritaba algo acerca de la cordura de dos damas y la contemplación de no sé qué. Nadie le entendía un carajo lo que decía. Si hasta salieron a la calle el Gordo, el Colorado y la vieja de la casa gris claro con una escoba. Como se dieron, Tronco. Mejor dicho. Como cobró la Matilde. Encima cuando las separaron le gritaba a la Coquita que le había roto una uña. ¡Qué hija de mil! La Coquita, más caliente estaba. Se zafó y le empezó a masticar la cola. —¡Con la cola no! ¡Con la cola no! —gritaba la Matilde. —Yo te voy a enseñar cuantos pares son tres patas —le decía la Coquita mientras escupía pedazos de pelo por la boca. ¡No! Si esa época era jodida, Tronco. Pero segura. Hay que reconocerlo. Vos podías salir a caminar solo por el barrio a la hora que se te cante y no te pasaba nada. Nadie te molestaba. Bueno, yo por las dudas que sea cierto que vuelve la Coquita me voy preparando. Hay que ir con respeto de una con esa perra. Encima ahora debe estar más vieja y renegada que antes. “La Doña”, Tronco. No te olvides. Hay que llamarla “la Doña”. El Pirata se va a llevar una, mirá, que ni te cuento. Ya me lo imagino al mastodonte bruto ese. Corriendo para todos lados. Jajá. Que perro más bobo… ¿Qué, Tronco? ¿Qué pasa?... ¿Qué me haces así con la geta? ¿Qué…? ¿No me digas que está el Pirata otra vez atrás mío?... ¡Qué boludo que sos, Tronco! No tiene gracia. Con eso no se jode. Andáte a cagar. ir al 6° Episodio ir al 8° Episodio

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03 | El semental

¡No sabés lo que me pasó, Tronco! Es de no creer. A vos te lo puedo contar porque sos de fierro, pero de esto ni una palabra a nadie, ni a la Panchita. ¿Promesa? Bueno, resulta que la otra noche andaba un poco desvelado, con insomnio o algo así, y encima estas guachas que no paraban de chuparme la sangre. Así como estaba, me fui a dar una vuelta por el barrio. ¿Y no sabés a quién me encuentro? Si, a la Lolita, y andaba sola. Se le había escapado al Gordo por entre las rejas del fondo y no podía volver a entrar. Tenés que haberla visto, Tronco. Estaba intentando cavar un pozo con sus patitas. Era tan tierno el panorama. Yo me le acerqué despacito por atrás y después de olerla un poco le digo con mi voz profunda de seductor: —¿Andás solita, cachorra? ¡Paaa! Se me hizo pis encima, Tronco. ¿No sabes cómo se puso? Se le erizaron los pelitos de acá, del cuello. Y yo, ni te cuento. Estaba “al palo”, como dicen los cachorros hoy en día. —¿Querés que te ayude? —le dije susurrándole en la oreja manteniéndome en personaje. —Yo puedo sola —me contesta meneando la cola. No sabés como me gusta que se me haga la indiferente, Tronco. La difícil. Me vuelve loco. Estaba que no daba más. Sin esperar ninguna señal, o cualquier de esas pavadas que dicen algunos, le tire un lengüetazo al cuello, justo ahí donde se le habían parado los pelitos, y ella ni se inmutó. Siguió cavando sin mirarme, pero yo la caché, Tronco. Le vi una pequeña sonrisa que se le escapaba por la comisura del hocico. Entonces sin perder más tiempo fui directo con mi trompa ahí, ¿viste, Tronco? Y la muy zorra hizo lo mismo conmigo. Una cosa de locos. Sentir su lanosa boquita recorrer mi cuerpo fue algo sublime. Extasiante. Entonces me empezó a oler la boca. Me la buscaba, Tronco, si la conozco a ésta. Yo venía de comer de la basura del baldío antes de querer acostarme, pero no me importó. Le metí lengua igual. Entonces la muy pilla me dice con su chillona y diminuta voz que si la ayudaba a entrar devuelta a su casita iba a tener una gran recompensa. Así me dijo, Tronco ¿Para qué? Me puse a cavar como un minero con mis cuatro patas. En menos de cinco minutos había hecho un pozo tan grande que hasta el Pirata podía meterse si quería, ¿y viste lo que es el Pirata? Cruza de Grandanés, el mastodonte. —Manchitas —me dice—, vos te lo ganaste. Ahí mismo me empieza a dar más besitos y en un momento se me da vuelta y me empieza a menear su colita. Era una pintura del Perro Picasso, una belleza sin igual, una diosa del Olimpo… Y no pude. Para que te voy a mentir, Tronco. No pude. No sé qué me pasó pero “el amigo” no quiso funcionar. Un papelón. A todo esto la Lolita ya se había metido por el agujero y estaba ladrando como loca para que el Gordo le abra. Al rato salió el Gordo, la levantó a upa y se la llevó para adentro de la casa. ¿Pero sabés que fue lo peor, Tronco? Que antes de entrar, la Lolita se da vuelta en los brazos del Gordo, me mira fijo a los ojos y me dice: —Buenas noches, semental. Que te voy a decir, Tronco. Es la primera vez que me pasa. ir al 2° Episodio ir al 4° Episodio

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